El título de esta nota a primera vista puede resultar chocante en nuestros días. Sin embargo es bueno observar que hasta la mujer y el hombre más sencillos trasmiten algo que han recibido en sus hogares y que no se perderá con los años. “Aquello que se aprendió en la cuna, dura”, dice el refrán y encierra mucha verdad. Hoy las formas del comportamiento se ponen en duda. Las normas objetivas que hemos seguido tropiezan con el subjetivismo. Lo que “me gusta” o “no me gusta”, “lo que siento” o “lo que no siento” son la brújula o la ley suprema de nuestra existencia.
Hace pocos días tuve ocasión de escribir acerca de la distinción que es necesario hacer entre protocolo, ceremonial y etiqueta. Se habla mucho de la etiqueta y hasta en su nombre se inventan leyes y reglas difíciles de llevar a la práctica. Me rebelo cuando me cuentan que se enseña a dejar la servilleta sobre la silla cuando es necesario levantarse de la mesa por el motivo que sea o cuando veo a la Presidenta que hace la venia al paso de nuestra bandera o pone su mano sobre el corazón al cantar el himno nacional.
Enseño Ceremonial y Protocolo y he procurado capacitarme para ello. Sucede que junto estas disciplinas aparecen siempre temas de comportamiento, de urbanidad , de buenas maneras o de normas del saber estar. Entonces recuerdo con agradecimiento lo que aprendí en el hogar de mis padres. Es preciso ayudar a crear hábitos en los niños, en los adolescentes y también en las personas mayores. He visto con pena a ilustres señores en un denominado “desayuno de trabajo” tomar en posesión una dulcera e introducir en ella sus cuchillos para untar unas tostadas. En tanto, a izquierda y a derecha, otros aguardaban impacientes la oportunidad de servirse un poco de dulce en sus platos. ¿Y qué sucede con la sal? Parece que el maleficio que recibe quien la toma impide actuar con cortesía. Cuando nos ruegan que pasemos un salero lo mejor es colocarlo en la palma de nuestra mano trasladándola hasta depositarlo sobre el mantel junto a quien nos la pidió. Recuerdo siempre lo difícil que significa a una esposa una esposa hacer una corrección a su marido y a la inversa.
Antiguamente cuando se enviaban mercaderías en paquetes era costumbre colocarles unos rótulos para conocer su contenido. Hoy los “containers” utilizan otros sistemas. Aquellas eran las “etiquetas”. Con el correr del tiempo se denominó ”etiqueta” al papel en donde se anotaban las formas a observarse en determinadas ocasiones. En la actualidad la mayoría de las personas entiende por etiqueta a las reglas escritas y no escritas que están en una sociedad y que se han vivido inmutables durante muchas generaciones. Algunas nos pueden parecer hoy antidiluvianas, otras exageradas o puntillosas. ¿Qué decir de los llamados “días de recibo”? Figuran en el “Libro de Oro” de Concordia den 1922. Eran momentos serenos en los cuales se cultivaba la amistad y Bernard Shaw los inmortalizó en su “Pigmalion” como los “at home days”.
Muchas son las reglas o normas de comportamiento que vivimos. Ellas han arraigado en nuestros corazones porque no podrán nunca trasgredir el buen gusto. Por eso nuestra forma de comportamiento es la mejor carta de presentación que de una manera inconsciente nos acompaña. La sinceridad, la sencillez, la cortesía y el tacto son las características que muestran una esmerada educación. Entre ellas destaca la cortesía bien llamada “el arte de agradar”.
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