(La interpretación de unos gestos protocolarios en una ceremonia)
En los últimos dos años, la ceremonia de la Pascua Militar que preside su Majestad el Rey está teniendo un reflejo mediático más que por el propio discurso del soberano, por la indumentaria de la ministra de Defensa, otro protagonista relevante en esta escena protocolaria.
Y este año, se sumó otra eventualidad más, al iniciarse el saludo de los Reyes y faltar en la línea nada menos que el presidente del Gobierno, quien llegó al acto con un breve retraso, lo que motivó que sus Majestades tuviesen que regresar al inicio de la fila para saludar al jefe del ejecutivo.
Así las cosas, para el gran público, se quedan como sendas anécdotas. Tanto que la ministra luzca una etiqueta muy personal, como que su jefe no esté en su sitio cuando se inicia la ceremonia protocolaria. Sin embargo, acogiéndonos a la tradición y protocolo, la lectura es otra.
En otra ocasión hemos comentado la importancia que tiene que el político en el ejercicio de su “actividad profesional” y que suele conllevar su cargo, respete las normas y guarde las formas cuando participa en ese escenario que precisamente pisa por ser un representante, como suele decirse, del pueblo o de la ciudadanía.
Ya se sabe, en cuanto a las normas emanadas de lo que es el protocolo social, que determinadas ceremonias suplican o ruegan una etiqueta, que generalmente está en correspondencia en hombres con mujeres y en función de la tipología y del horario de celebración de aquéllas. El respetarlas o interpretarlas queda a criterio de cada invitado. Lo que ocurre es que hay invitados e invitados, pues unos pasan más desapercibidos que otros y en unos se nota lo que visten más que esos otros. La interpretación de esa etiqueta queda pues supeditada a ese albedrío personal, aunque los que mantienen la tradición y la costumbre, sostienen obviamente su punto de vista.
Y respecto a la ceremonia de salutación, sucede algo parecido, pues cuando sus Majestades inician la misma, es totalmente incorrecto que falte alguien de los que tienen que estar por obligación y mucho menos quien preside esa línea de saludos protocolarios. La puntualidad también forma parte de la etiqueta y se le exige mucho más a quien tiene que dar ejemplo. Obviamente, le puede pasar a cualquiera, pero el jefe del ejecutivo no es precisamente cualquier persona y, además, tiene sus medios para llegar con puntualidad.
Concluyendo, lo que para unos, estas situaciones se califican como “anécdotas”, para otros, para los profesionales del protocolo, las analizan con otro prisma y sobretodo, porque hay que guardar esas formas y más aún en un evento tan tradicional como es la ceremonia de la Pascua Militar.
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