Portada Juan José Feijóo Al servicio del profesional del protocolo

Al servicio del profesional del protocolo

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Cualquier profesional espera de la asociación a la que pertenece, que actúe como intermediaria en defensa de sus legítimos derechos y como soporte de apoyo de sus intereses. La Asociación Española de Protocolo nació oficialmente un 26 de febrero de 1993 y surgió como “una feliz iniciativa promovida por un grupo de personas con alta sensibilidad por las cuestiones de protocolo y disciplinas auxiliares”, tal como reza en el preámbulo de sus estatutos, donde así mismo consta que sus fines son “defender los intereses colectivos tendentes al reconocimiento profesional, asistir y defender a sus miembros de posibles acciones lesivas al normal ejercicio de la profesión, promover la formación y reciclaje de sus miembros, fomentar encuentros y foros…”.

La AEP nació para agrupar a profesionales vinculados al mundo de la organización de actos, Protocolo, Ceremonial y las tradicionalmente definidas como disciplinas auxiliares. Lo que pasa, es que cualquier organización profesional tiene que ir más allá de la letra de sus estatutos fundacionales y ha de funcionar basándose en unos principios pragmáticos que pongan de manifiesto que esa entidad está viva, es útil, dinámica y actual y, por lo tanto, responde a las expectativas de sus asociados.

Este es el reto que ahora tiene por delante la AEP, inmersa en un proceso electoral para la renovación directiva. La Asociación tiene que recapitular su pasado y actualizar su presente si quiere afrontar el futuro que empieza ahora mismo.

Gestionar con criterio una Asociación implica asumir riesgos, pero todo reto es eso, un riesgo, a veces calculado. Es muy sencillo. Basta con saber interpretar con efectos prácticos la filosofía contenida en sus principios programáticos: formación, información, divulgación, especialización, consolidación de la profesión, incorporación al mercado laboral, intermediación ante los distintos estamentos de la Administración, garante de la normativa reguladora que afecta a la profesión, acreditación profesional y oficial…

Todo esto se consigue estableciendo una estrategia de gestión, marcando unas preferencias ejecutorias y poniendo muchas ganas, más ilusión y, sobretodo, bastante imaginación, sobretodo cuando se atraviesan momentos delicados económicos como los actuales.

El profesional del Protocolo aspira a contar con una organización que se ocupe de su problemática y sepa canalizar sus inquietudes. Si otros profesionales ya cuentan con ello, ¿por qué no nosotros?.

 
Viernes
30 de julio
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