Portada Juan José Feijóo Confirmación de asistencia a actos

Confirmación de asistencia a actos

E-mail Imprimir

Es usual hoy en día cuando se convoca un evento, pedir confirmación de asistencia- algo obviamente obligado cuando se trata de actos solemnes o ceremonias relevantes-. Esta confirmación se solicita en la misma tarjeta- invitación a pie de texto y adjuntando un teléfono y ya hoy también una dirección de correo electrónico. Queremos suponer que esto ya es conocido por cualquier persona que acude a un acto, pues ese conocimiento es sinónimo de nociones de etiqueta.

Pues bien, algo tan sencillo como es hacer una llamada telefónica- o enviar un e-mail-, parece que para una gran mayoría se antoja como una operación harto complicada, pues en base al número de confirmaciones, en la práctica, no son muchas las personas que interpretando las pautas sociales del saber estar, ratifican su presencia en dicho acto al que previamente han sido invitados.

Para los organizadores, resulta sumamente importante conocer quien va a acudir. Primero por cuestión de protocolo y ordenación de invitados y segundo, por el propio aforo del recinto y por pura logística, como por ejemplo, si el acto incluye un vino de honor o un aperitivo previo, es conveniente saber cuantas personas asistirán para que esté preparada la intendencia.

Obviamente, aplicando las reglas del protocolo, quien no confirma y luego aparece, no tiene derecho a reclamar ningún trato especial o preferente, dado que el anfitrión no contaba con ese invitado. Lo que lamentablemente ocurre, es que la práctica cotidiana es esa, que aparecen personas que no dieron señales de vida en tiempo y forma, cuando previamente así se había requerido y luego lo hacen exigiendo e imponiendo.

Estas situaciones, como decimos habituales en la vida social actual, además, suelen tener más repercusión cuando participan políticos que son quienes siempre reclaman un puesto relevante en el escenario social. En muchas ocasiones se aprovechan de la excesiva buena educación del anfitrión-organizador, quien hace lo posible- o imposible-, por atenderlos. Pero quien lo pasa mal y tiene que hacer auténtica “ingeniería protocolaria” es el experto o profesional que está organizando técnicamente el evento, pues a él le corresponde finalmente “hacer sitio” para colocar a quien te descoloca la ordenación prevista con quienes si cumplieron con las normas sociales.

Esto no debe ser así. Quien se convierte en un actor social, si no se sabe el papel que tiene que interpretar, entonces, lo mejor es que no salga a escena, porque quienes nos ocupamos de la tramoya y de la dirección artística, nos gusta que cada cual interprete correctamente el papel asignado. Esto es el protocolo social que extrapolamos a otras esferas.

 
Viernes
30 de julio
Tamaño texto
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

Suscríbete al boletín 'EIP Noticias'